19 jun 2011

Ellos, los idos.

Bebe café expreso con güisqui

Contradice a tus profesores

Escucha con atención a Tchaikovsky

Sé un revolucionario de papel

No creas en Dios

Contrae deudas y no las pagues

Estudia idiomas

Muéstrate indiferente a los muertos

Asiste al teatro

Hazte amigo de un cantinero

Mastúrbate

Lee de Borges sólo la prosa

Pelea en los callejones

Róbate rosas del jardín del vecino

Nunca despiertes temprano

Regala un cigarro al pordiosero

Quéjate del cine de Jarmusch

Ceba mate y no comas mucho

Conversa con los árboles

Búrlate de los clásicos griegos

Automedícate


Pero no escribas

Pero no pintes

Pero no cantes

ni trates de hacer arte.


Porque todos los artistas

son estoicos

son suicidas andariegos

que se pierden con el tiempo

y siempre acaba su obra en el fuego.


Todos son casos perdidos.

22 nov 2010

Mors Oblivionis (Soneto)

Tú terrible princesa de azahar

Mujer de oscura figura altanera

Soy tu chaperón triste hoy por azar

Tú, la ladrona perenne, malhora.


Terrible infamia no dejas retrasar

Y el que próspero y feliz fuere otrora

Frío, desierto queda tras a ti abrazar

No caeré rendido ante tu figura.


De fea sangre y pez malhechos

Seco, fúnebre es incluso lo vivo

Polvo al polvo en la tierra no temer.


No podemos ante ti ya caer

Si dejamos por hoy aquí algo altivo

El olvido es el siempre fenecer.

29 jul 2010

Cuartillas de sal

Estoy aquí inmóvil sentado mirándote,
viéndome en el claroscuro de tus ojos,
ahogándome en el vacío crepuscular,
ahogándome en tu tranquila mirada.

Me pierdo en lo mucho que no soy,
olvidando lo poco que sí, lo que queda,
los sueños rotos y las cuartillas de sal,
que son el molde y horma de mi alma.

Ya no sé quién soy de tantos que he sido,
de todos los pesados muertos que cargo;
olivos secos, fotografías, diarios caducos;
claveles, pañuelos. Todo lastre y anclas.

Hace mucho era niño, y el mundo, fácil,
las sonrisas eran gratuitas y completas;
uno podía dejar correr suelto al espíritu,
inundado de sol y rosas sin espinas,
sin temor ni miedo a que no volviera,
sin temor ni miedo a que lo robaran.
Hace mucho era niño, pero se acabó,
un día mi alma no regresó conmigo.
Cargo al angelito inerte que fui,
sonriendo en su caja sobre mi lomo.

Somos todo aquello que odiamos ayer,
cuando fuimos jóvenes y había futuro,
cuando la revolución era caritativa, útil,
cuando el amor y el fuego nos cegaban,
pero de la llama pasional que era nuestra
sólo quedaron las cenizas frías y volaron.
Somos todo aquello que odiamos ayer,
pero podemos vivir con nuestra conciencia.
Cargo al soñador pobre que era, sus restos,
las cruces y la lápida de mi juventud noble.

Pero los muertos tienen fríos los huesos,
como frías son las estrellas en la noche,
lágrimas brillando sobre el luto celeste;
y me duele este helado osamental, blanco,
me duelen estos esqueletos que cargo.

5 jul 2010

Caminando

Lo que fuimos y somos poco importa ya, lo que importa es lo que seremos, amiga, y más aún lo que nunca llegaremos a ser, a pensar, a sentir.

Pedro Regisco

Gotas leves, suaves pero constantes bajan a morir despedazadas a los hombros de tu chamarra, desde un cielo oscuro; y vas caminando sobre la banqueta gris. Las zuelas de tus botas para lluvia raspan el suelo de asfalto viejo y carcomido, sus tacones, a un medianamente lento paso resuenan vagamente como el tictac de un reloj perdido entre los charcos, las paredes ancianas y las alcantarillas en la oscuridad acribillada por faroles de luces inciertas que iluminan la soledad de las tiendas cerradas y las bancas, los cristales de los escaparates vacíos son los únicos seres que impasibles te observan mientras pasas caminando como los años pasan ante tus ojos.

Es tarde ya, el velorio ha terminado tarde y triste, además al salir de esa agencia funeraria desconsoladora y opaca fuiste a beber largamente un trago seco, sucio y amargo de licor barato a un bar cualquiera del centro de la ciudad, en honor, porque a la salud ya no, de la querida muerta.

Ella, Elvira, la más bella de todas las flores, la más fragante de todas las esencias perfumadas, la más suave de todas las sedas, la más deliciosa y dulce de todas las frutas, ella, que descansaba junto a ti en las siestas que tomaban bajo la suave sombra de la cúpula de los inalcanzables árboles de la alameda y los jardines botánicos que reviven en silencio el recuerdo y el ensueño que mutilan los lacrimales, sangrándolos en sal diluida. Ella ya no descansa contigo sobre el pasto tierno, que aprovecha para nacer desesperado sobre la agonía ajena, ella ahora descansa bajo él, sola en la oscuridad asmática.

Tenía una pequeña luz dentro del abismo de sus grandes ojos tristes, huesos pequeños y delgados como pequeños y delgados, o más bien, como frágiles son los de las alas opacas, sucias e ígneas de los pichones que se disputan el cielo de las mañanas frías y las migas deprimidas sobre el suelo de los adoquines. También tuvo piel más blanca y pura que la parafina de los cirios que la velaron acompañándote frente a la caja de madera oscura que le conseguiste a crédito para que se acomodara tranquilamente a descansar como solíamos hacerlo. Sus pequeñas y débiles manos cruzadas sobre su quieto y angosto pecho, inmóvil como inmóviles son ahora las losas de asfalto sobre las que caminas.

A ella le gustaba la música, tenía dedos delgados, finos y blancos como cigarrillos gruesos, con uñas cortas, limpias y rosadas como pétalos de rosas vírgenes, era pianista, bueno, no, era secretaria, pero tocaba mejor y con mayor destreza las teclas del viejo piano que guardaban en la pequeña sala que las de la máquina de escribir de su trabajo, debió dedicarse a la música, sus dedos bailaban desesperadamente pero con armonía, presionando aquí y allá, como si fuera la última vez que fueran a hacer contacto con un instrumento, como si predijeran sin decirnos lo que se aproximaba.

17 jun 2010

Estás fría, mamá.

-Estás fría, mamá.

-…

-Espero que te mejores pronto, mamá, Abue Guille nos ha invitado a pasar un día de campo con ella y con mis tíos, será divertido, asaremos carne bajo la sombra de aquel árbol que Pao cuenta que fue sembrado cuando llegamos a México.

-…

-¿Te acuerdas, mamá? Todavía no nacía yo, pero mis tíos dicen que era un buque enorme en el que viajó la familia, más grande que una ballena. ¿Alguna vez has visto alguna? Dice el primo Mario que son tan grandes como un camión, que son como peces gigantes, pero Abue Guille dice que no son peces, que son mamíferos, pero que se tienen aletas y cola como ellos, y que sirven para hacer jabón y muchas cosas.

-…

-Yo no conozco de ballenas, pero si son como el pez que tiene Pao en su cuarto deben ser animales horribles y además muy fáciles de ver en el mar, mamá, imagínate un pez anaranjado del tamaño de un barco, como un foco bajo el agua; seguro por eso hay tantos jabones.

-…

-Le diré a Tía Tere que cuando me deje acompañarla cuando lleve a Pao al mar, me gustaría ver ballenas. Pao dice que el mar es muy grande, que es como la laguna, pero que no se le ve el otro lado y que no se puede tomar de esa agua porque hace daño. Mamá, espero que te mejores pronto y podamos ir a ver el mar.

-…

-Abue Guille me dijo que hubo un señor que era capaz de caminar sobre el agua, hace unos días lo intenté en la laguna, pero no pude, me pregunto qué tipo de zapatos tendría ese señor, imagínate, debe tener unos muy curiosos porque yo lo intenté descalza y no pude. Lo bueno que estabas cerca y me pudiste sacar del agua, me dio mucho miedo, me hundí y todo estaba frío y oscuro, como boca de lobo dijo Nana Daniela.

-…

-Cuando me sacaste me dio mucho gusto, mamá, todos estaban muy asustados, incluso el Viejo Julio, el vigilante gruñón, de inmediato me pusieron una cobija y me bañaron con agua caliente. El agua de la laguna estaba muy fría, mamá, no me podía mover y sentía que me quemaba, sí, como lo oyes, que me quemaba con el frío.

-…

-¿Tú no sentías que te quemabas, mamá? Pao dice que uno no se puede quemar con el frío, sólo con el calor, sobre todo con fuego, ella dice que es lo más caliente que hay es el fuego. No creo que te quemara el frío, mamá, porque estuviste mucho nadando, hacia la orilla de la laguna, quisiera un día poder nadar tanto tiempo como tú, aunque el agua esté fría. Seguro te cansaste, cuando saliste tosías muchísimo, como cuando me da catarro.

-…
-Yo no me resfrié, mamá, gracias al baño caliente que Tía Teresa me dio, lo malo que tu sí. Por eso espero que pronto te cures para poder ir al día de campo al que Abue Guille nos llevará. Tío Juan me ha dicho que te deje descansar en paz, pero quería verte, no te quiero despertar, mamá. Aunque no me digas nada yo creo que ya estás mejor, porque ya no toses como antes.

-…

-Antes de venir vi fuego, mamá, estaban preparando un horno, como en el que Nana Daniela hace pan, yo creo que harán mucho pan, mamá, por eso era un horno tan grande, para todos los que vinimos hoy, imagínate, vino toda la familia, incluso papá salió de trabajar para asistir. Pero no he visto que Nana haya preparado la masa, yo creo que está muy cansada y por eso lleva todo el día en su cuarto, así que mejor pidió que trajeran la masa ya hecha, o que está muy triste porque no hay ingredientes suficientes para hacer la masa, porque ha estado llorando buen rato.

-…

-No sé cuál santo se celebre hoy, Abue Guille dice que en Irlanda, un país del otro lado del mar, en el Día de San Patricio se hace una fiesta muy alegre, todos beben y bailan y se visten de verde, hasta dice que parecen las calles como si hubiera pasto vivo moviéndose, no sé si sea tradición, pero hoy es diferente, todos se visten de negro y en lugar de reír, lloran. No me gusta la celebración de hoy.

-…

- Estás fría, mamá.










Niña, deja a esa muerta en paz.

20 may 2010

La más perfecta de todas las bestias

He buscado en cientos de libros,
he investigado en mil documentos,
he indagado el cielo y las estrellas,
he explorado las profundidades del mar,
he visto en microscopios y tubos de ensaye,
he analizado todo para ver cómo funciona,
he hecho muchísimas encuestas,
he desmenuzado cada pensamiento,
le he preguntado a Dios mismo...

... y todo fue en vano, perdí mi tiempo
hice cientos de hipótesis y ni una pude comprobar,
Dios nunca contestó y los libros me mintieron.

Y por eso destruí todo,
por eso maldije el silencio de Dios,
quemé documentos y escritores,
y ahorqué brujas, hice guerras;
torturé, masacré y mutilé,
me saqué los ojos en mi furia,
pero poco importaba, nunca los usé;
siempre estuve ciego.

Y después de todo, yo, el hombre,
la más perfecta de todas las bestias,
la más avanzada y la más primitiva,
aún no sé quién soy.

15 abr 2010

Monólogo del Poeta

Cuando escribo,
o hago como que escribo,
me abandono y me olvido,
dejo de ser yo,
mi pluma me transforma,
y muto, me reduzco y me expando;
me convierto en balas,
me convierto en lágrimas,
en besos, en pájaros, en cantos.

Me convierto en hiel y en sangre
en semen, en agua y en mugre,
en huesos ajenos, en sexo y en hielo.

Cuando escribo,
o hago como que escribo;
me vuelvo el balcón de Julieta,
la espada de Hércules,
la cabeza de la Venus de Milo,
la lanza del Destino,
el telescopio de Galileo,
el bigote de Hitler;
la cámara de Lumiére,
el avión de los Wright.

¿Pero qué soy entonces?
Soy balas en octubre,
religión contra religión,
cruzadas modernas,
biblias ensangrentadas,
picana, tripas y muertos,
niños huérfanos y viudas,
soy el inmovilizador,
la máscara del asesino,
soy la leucemia de mi amigo,
la ignorancia del gurú,
la cucaracha y la rata gorda,
la saliva de los insultos;
la hipocresía del líder.

Pero también me vuelvo en
la lágrima de la despedida,
el espejo en los ojos de mis ojos,
manos tomadas en una tarde de abril,
las nanas de mi madre,
los lentes de mi padre,
el bastón de mi abuelo,
la tumba de mi abuela,
los cuentos de mi tía,
soy razón del primer romance,
y del último, después;
soy el primer coito y el primer beso,
el orgasmo matinal de los amantes;
los anillos de las bodas doradas,
los juegos infantiles y las calles de mi barrio.

Soy lo que no soy y sigo siendo,
sombra en la luz y más sombra en la oscuridad,
luz en la sombra y mancha en el sol,
soy Selene en el día, soy la mantícora domesticada.

Dejo de ser yo, dejo de ser
lo que es ser. Pero sigo siendo.

Soy Poeta.

21 ene 2010

Incertidumbre de una falta

Puedo notar que me rehúyes.
Puedo ver que te alejas al verme.
Puedo ver que soy invisible.

Finges mi inexistencia.
Obvias mi lugar en el espacio.
Como un mueble.
Como un árbol.

Y no sé por qué.
Quizás le doy mucha importancia.
Quizás te doy mucha importancia.
No me mortifica que no me hables.
Sino el no entender la razón.

Trato de hacer memoria.

No recuerdo haberte ofendido.
No te he faltado al respeto.
O al menos no lo recuerdo.
Si alguna vez lo hice no fue intencionalmente.
Nunca.

No sé qué hice.
No sé qué no hice.
No sé qué soy.
No sé qué no soy.
No sé qué dije.
No sé qué no dije.
Pero me disculpo.

Por lo que sea.
Me disculpo.
Sincera y objetivamente.
Aunque pierda el objetivo al no saber la razón.

Me disculpo.

29 nov 2009

Discusión sobre la verdad de la literatura.

Sentémonos a discutir un rato sobre la literatura.

Tú me podrás decir de cómo es la vida según los libros.
De cómo son las balas de Conan Doyle.
De cómo son los pobres de García Márquez.
De cómo son las transformaciones de Kafka.
De cómo son los héroes de Salgari.
De cómo son los monstruos de Shelley.
De cómo son los mártires de Poniatowska.
De cómo son los fantasmas de Dickens.
De cómo son las groserías de Agustín.
De cómo son los vampiros de Stoker.
De cómo son los amores de Austen.

De cómo es la vida en los libros,
y yo te escucharé, atentamente y sin replicar.

Luego, cuando termines, yo te hablaré.

De cómo son las balas en las calles, de cómo es sentirlas pasando alrededor, de los disparos de los policías por pensarte pandillero.
De cómo son los pobres en los barrios, de cómo es pagar tu comida de hoy a plazos de pasado mañana, de lo que es no tener con qué taparte en la noche.
De cómo son las transformaciones en tus hermanos, de cómo es ver hoy a tu amigo pobre y humilde y mañana verlo un insecto rico y orgulloso.
De cómo son los héroes de los bajos mundos, de cómo le roban una sonrisa a un mendigo, de los que te llevan con tus huesos rotos a un hospital.
De cómo son los monstruos de uniforme, de cómo violan asesinan sin mayor apuro, ni mayor problema, de esos disciplinados e impíos verdugos.
De cómo son los mártires de guerras presentes, de cómo son los muertos que defendieron sus ideales, de cómo luchan y lucharon contra la opresión de la moral, de los gritos de justicia ahora callados.
De cómo los fantasmas de tus amigos y tus enemigos te visitan en la noche, de cómo te cuentan las historias de su vida, de los muertos que te visitan para robarte una lágrima.
De cómo las groserías no son groseras, de cómo no importa qué palabras uses cuando sean para ofender a alguien, del caló y su extenso vocabulario.
De cómo son los vampiros, gordos y de traje, de cómo desangran hombres famélicos usando algo llamado impuestos, de los que vienen a morderte a plena luz del día.
De cómo es amar con pasión y sin prisa, de cómo un beso es gratis y los abrazos están en oferta, de los que aman con certeza y aplomo en calles oscuras.

Pues te diré que la literatura no debe quedarse en una idea escrita, sino que ha de ser revivida para poder apreciarse, de lo contrario son sólo palabras bonitas escritas sobre un trozo de papel blanco. Y sobre todo tú estarás de mi lado, y adoptarás la misma postura que yo, pues ambos sabemos, aunque quizás tú no lo hubieras pensado lo que te propongo antes, lo que es vivir un libro.

26 nov 2009

Sobre la realidad del regalo de las flores

Al lector, si alguna vez das una rosa, aunque esté marchita, que tu intención no lo esté.

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Es irónico que una muestra de amor humana, un regalo común, de un amor fugaz y simple, o eterno y verdadero, sea el cadáver de una planta. Ya sea la rosa que un enamorado regale a su prospecto en una cálida noche de verano; o un alcatraz fino y puro que un anciano lleve a la tumba de su señora acaecida.

Hermosas, sí, también muy nobles son las flores, se mantienen puras y coloridas aún en la agonía que viven después de haber sido cortadas; y es en esta agonía, ellas, ya sea en el camerino de una actriz, o en la mano de una novia en su boda; cuando más grandiosas son; y se mantienen así hasta que la vida se escapa de sus hojas, y cuando, secas y marchitas como las cenizas de realidades antiguas, son desechadas, caen en un remolino de pétalos negros y hojas oxidadas, envueltas en un dulce, irreal y familiar olor a glorioso muerto fresco. Pues son las flores tan sólo bienestar pasajero y desechable.

Las muchachas entre lágrimas mutilan por despecho a éstos cadáveres inocentes, dentro de su frustración de ausencia, decencia o presencia de pasiones jóvenes y fugaces, contando en números pares o nones la calidad, la omisión o la perfección de los sentimientos de sus amores platónicos o aristotélicos hacia ellas. Y son las flores las que, entre lágrimas de tortura, han de pagar en un silencio sepulcral.

Son mártires de amores inciertos; decoraciones felices y moribundas de una vida o una muerte fiel; ya fueren regalos de amor o de despecho. Hemos de honrar a todas y cada una de ellas por su nobleza y su disposición ante la muerte por una pasión ajena.

Desde los jazmines de las niñas en sus cunas hasta los azahares sobre las tumbas de los ancianos. Todas son los únicos hermosos y coloridos muertos que ornamentan el mundo gris que heredamos.

16 sept 2009

Hasta entonces

Lejos, muy lejos.
Espero.
Más lejos, demasiado lejos.
Me impaciento.

Tan lejos, más lejana que el horizonte.
Me aburro.

Ya no te veo, estás más lejos que las estrellas.
Entonces busco a tu remplazo.

No volverás.
Estás tan lejos y dejaste de voltear.
Hace mucho.
Dejaste de voltear hacia aquí.

Hoy.
Te recuerdo.
Vagamente.

Ayer.
Te fuiste.
Lejos.

Mañana.
Te olvidaré.
Te abandonaré en el fondo de mi mente.

Pasado Mañana.
Encontraré a otra persona.
No serás tú, trataré de ponerla en tu lugar.

El Lunes.
¿Te volveré a encontrar?
¿Más Feliz? ¿Linda? ¿Sabia?
¿Triste? ¿Decrépita? ¿Hermosa?
No lo sé.

Si no el Lunes o el martes,
la próxima semana,
el mes que entra,
el siguiente año,
o la vida sucesiva.
Ojalá.

Si no, dormiré a veces con mi memoria.

Esperaré hasta ese momento.
Al ver tus ojos
¿recordaré tu sombra?,
¿recordaré tus facciones?
¿recordaré tus gustos?
No lo sé.

¿Me recordarás?
Verás una cara familiar.
Una cara memorable.
¿Me verás a los ojos sin ver nada?
¿Te veré a los ojos sin ver nada?

Seremos extraños conocidos.
Hasta entonces.

Te guardaré cerca en algún lugar de mi mente.
No seré capaz de reemplazarte fácilmente.
Aunque estés más lejos que mi infancia.
Te seguiré viendo.
Eventualmente.
En el firmamento.

Algunas cosas me recordarán a ti.
Otras no.

Serás un vago recuerdo hasta que te vuelva a ver.
Hasta que te salude sin esperar y quizás sin recibir respuesta.
Y momentos después pienses en un loco que te saludó.
Que quizás conocías o quizá solo quería molestarte.
No lo sé.

Yo sólo sé que mientras estés lejos, te recordaré.
A veces.
Cuando tenga tiempo y disposición.

Hasta que te encuentre.
Y me mires a los ojos.
Y te mire a los ojos.
Sin ver nada tú.
Quizás viendo algo yo.
Puede ser que yo te recuerde,
quiénes fuimos, quién soy, quién eras.
Si me recuerdas me sonreirás.
Si no, sólo me darás gusto por el momento.
Estaremos ajenos y extraños.

Con un beso y un abrazo fugaz.
Incómodo y sutil.
Me saludarás.
Te despediré.

Hasta entonces.
No pensaré en ti seguido.
Para hacer más emotivo ese instante.

Hasta entonces.
Dejaré de ver las estrellas buscándote.
Sólo te encontraré en el cielo de vez en cuando.
Alejándote.

Hasta entonces.
No lloraré ni reiré por ti.
Sólo te pensaré cuando mire el cielo.

Hasta entonces.
Serás una ilusión, un espejismo febril.
Un recuerdo vago de un amigo o de una novia.

Olvidaré tu cara y tu carácter.
Recordaré tu persona.

Pero no olvidaré tus ojos.

Hasta entonces.
Soñaré y pensaré en ti a veces.
Como una idea más que como una persona.

Hasta entonces.

13 sept 2009

Me gusta estar ausente

A Carito, a quien se lo debía.
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Me gusta estar,
sin estar ahí,
que esté mi cuerpo,
que no esté mi mente.

Me gusta estar desconectado,
ajeno al mundo, extraño,
actuar por instinto y costumbre,
no por inteligencia, o por lógica.

Me gusta no estar,
porque me deja reflexionar,
me deja vivir sin vivir,
en piloto automático.

Me gusta ir y venir,
dando tumbos como ebrio,
chocando con las cosas,
chocando con las personas,
no pensar en el camino,
ni en los caminantes,
me gusta no estar cuando camino.

Me gusta comer sin saborear,
abrir, cerrar, masticar, tragar,
sin pensar en ello,
volver a empezar,
sin sabor, sin amor, sin dolor,
sólo sentir cuerpos en la boca,
detectar sabores vacuos y triviales,
enlistarlos y guardarlos en la mente,
sin digerirlos ni razonarlos.
Me gusta sólo tener algo en la boca.
Pero incluso más, me gusta saborear lo insípido.

Me gusta hablar sin pensar,
decir muchas cosas en automático,
resolver discusiones, sin estar ahí,
expresarme de mi boca para afuera,
incluso no hablar me gusta.

Me gusta ver a la gente sin verla,
pasar mis ojos por su cara y su cuerpo,
de lejos, observar características,
no procesarlas, sólo enumerarlas,
ver caras, ver ojos, ver cabellos,
sin decidir si son bellos o no.
Reunir esas caras y esos cuerpos,
en mi mente, pensar en ellos,
sin calificarlos ni juzgarlos.
Me gusta pensar en ojos redondos,
a veces, en vez de en ojos hermosos.
Me encanta observar el firmamento hueco.

Me gusta oler flores, sin olerlas,
detectar olores, no disfrutarlos,
no oler aromas, sólo olores,
no decidir qué son, no apreciarlos,
solo olfatearlos, lentamente.
Me gusta pensar en esos olores,
pensar sin decidir su fragancia.
Sobre todo me gusta oler aquellas cosas sin olor.

Me gusta oír sonidos sin oírlos
oír, no escuchar, detectar vibraciones,
pensar en sonidos como ecos antiguos,
como bullicios y como murmullos olvidados,
No distinguir ruidos, ni música;
no separarlos el uno del otro.
Me gusta notar sonidos, buenos y malos.
Más que nada me gusta oír el silencio.

Me gusta tocar superficies,
palparlas, sentirlas, tentarlas,
sentir rugoso y liso sin diferencias,
pasar mi mano por todos lugares,
sobre espinas y sobre suavidades,
no diferenciar cosquillas de dolores,
ni picazón de caricias.
Me gusta sentir el frío y el calor.
Pero más que nada me gusta tocar el vacío.

Y, aunque me encanta estar ausente,
hay algo que me gusta más, mucho más.

Me gusta estar presente, a veces,
procesar la información que recibo,
expresar lo que pienso al no estar.

Me gusta entonces razonar las sensaciones,
decido cuán sabrosa es una comida,
determino la belleza o fealdad de las caras,
decreto diferencias entre perfumes y pestes,
dilucido la música, la separo del ruido,
sentencio qué es una caricia y qué un dolor.

Me gusta entonces, hablar lo que reflexiono,
describo el sabor de lo insípido,
detallo cómo es el hueco firmamento,
cuento de los extraños olores inodoros,
especifico la música y el ruido del frío silencio,
digo de qué está hecho el vacío y sus formas.

Entonces estoy presente,
estoy, soy, hago, camino y pienso,
como quiero, como razono mejor.

E incluso me gusta más que estar ausente.

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10 sept 2009

Tedio

A mis amigos.
En especial a Ana y a Memo; a Mary Zavala y a Lugaru Weasley.
Que ahuyentan mis demonios.

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Tengo calor en mis ojos
Tengo dolor en mi estómago
Tengo asco en mi garganta
Tengo pesadez en mis hombros
Tengo suciedad en mi cara

Estoy aburrido
de la misma casa
de los mismos compañeros
de las mismas peleas
de los mismos besos
de las mismas clases
de los mismos odios
de los mismos amores.
Diarios. Rutinarios.

Aborrezco el aire gris, cargado de llanto y tristeza.
Aborrezco al agua, salpicada en los ventanales.
Aborrezco al tordo, hijo de la ciudad carroñera.
Aborrezco al sarcasmo de mi madre, fruto de complejos ajenos.
Aborrezco la estupidez humana, globalizada y compleja.
Aborrezco los autos, las paredes y los postes de luz.
Los aborrezco.

Estoy harto de mi escuela, formadora de un futuro incierto y ajeno.
Estoy harto de mi casa, blanca, gris, negra. Sarcástica y burlona, Fría.
Estoy harto de las pastillas y los medicamentos. Placebos. Inútiles.
Estoy harto del trabajo de mi padre, de los estudios de mi hermana.
Estoy harto de las cartas de mis amigos. De preguntas ya respondidas.
Estoy harto de las calles de mi infancia. De los barrios de mi juventud.
Estoy harto de mis libros. Demasiado leídos ya. Aburridos. Conocidos.
Estoy harto de mis juegos y mis juguetes. Comunes. Viejos. Olvidados.

Y pienso,
Y me canso de pensar.

Y hablo,
Y me canso de hablar.

Y sueño,
Y me canso de soñar.

Y leo,
Y me canso de leer.

Y escribo,
Y me canso de escribir.

Y veo,
Y me canso de ver.

Y huelo,
Y me canso de oler.

Y toco,
Y me canso de tocar.

Y escucho,
Y me canso de escuchar.

Y siento,
Y me canso de sentir.

Me canso de respirar.

Ellos comienzan su trabajo diario.
Me llaman. Me gritan.
No me resisto, conozco su llamado.
Me toman y me jalan al abismo.

Entonces soy rescatado.
Ellos les temen.
No resisten su presencia.
Mis demonios los rehuyen.
A mis amigos. A mi novia.

Ella me abraza.
Ella me besa.
Él me da la mano.
Él juega conmigo.

Bromeamos.
Reímos.
Jugamos.

Entonces olvido el tedio.
Entonces olvido el aburrimiento.

Recuerdo la alegría.
Ahora la vivo de nuevo.
Pierdo el sentido.
Gano la felicidad.

Lo agradezco.
Lo aprecio.
Lo venero.

Olvido el tedio.
Olvido la triseza.
Olvido el aburrimiento.
Olvido a mis demonios.

9 sept 2009

Radiografía de un encuentro casual.

A mis amigos. Víctimas y Partícipes de este escrito.
En especial a María, a Mary Zavala y a Ana.

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Te veo
Me ves

Te Saludo.
Me Saludas.

Me hablas.
Te veo. No te escucho.
Pretendo escucharte.
Terminas.
Asiento. Espero haber respondido bien.
Me sonríes.
Miro tus ojos. Entiendo. Sonrío.

Te hablo.
Te pregunto alguna cosa. No estoy seguro cual.
Te continúo viendo. Esta vez te escucho. Un poco.

Sonrío.
Sonríes.

Pienso en tu cara. En tu belleza.
Me hablas. No te escucho. ¿Perdón?
Me repites. Me hablas de nuevo.
Te entiendo. Pienso. Respondo.

Me ves a los ojos.
Te veo a los ojos.

Dejamos de hablar.

El espacio desaparece.
Desaparecen las personas.
El cielo, el suelo, las paredes.
Y estamos solos en el vacío.
Oscuro. Eterno.

Perdidos en el silencio.
Aparte del mundo.
Ajenos. Extraños a éste.

Viéndonos.
Sonriéndonos.
Callamos.

Admiramos la cara del otro.

La cara del otro.

Los ojos. Castaños, Negros
Alegres y Tristes.
Fulgurantes.

El cabello. Corto para ti, Largo para mí.
Ondulado y Lacio.
Oscuro.

La nariz. Pequeña y Recta, Larga y Curva.
Distinguida, Sensible.
Magnífica.

La piel. Blanca, Morena.
Lisa, Tensa.
Lozana.

La sonrisa. Blanca, Derecha.
Bella, Apacible.
Tímida.

Te acercas a mí.
Me acerco a ti.

Caminando sobre luz.
Música al ritmo de tus movimientos.
Graciosos. Elegantes.
Música al ritmo de mis pasos.
Cada vez más cercanos.

Escucho tu respiración.
Escuchas mi pulso.

Se aceleran, extreman.
Son ya inhumanos.

Huelo tu perfume, tu aroma.
Huelo rosas y manzanas.
Hueles mi perfume, mi aroma.
Hueles lavanda y madera.

Tiemblas.
Trago saliva.

Te miro de cerca.
Me miras de cerca.

Puedo verme en tus alegres ojos castaños.
Puedes verme en mis tristes ojos negros.

Reflejos. Espejos.

Estás tan cerca.
Estoy tan cerca.

Una niebla nos envuelve.
Pesada. Densa.
Olores a madera y a manzanas.
Se mezclan. Bailan.
En un remolino sin fin de aromas.

Tu respiración y mi pulso.
Mi respiración y tu pulso.
Suenan.
Son música.
Canto hermoso.
Canción sin fin.
Coro de ángeles y demonios.
Al ritmo de nuestro pulso.
Voces celestiales y guturales.
Combinadas. Armónicas.

Tu expresión.
Mi expresión.
Suspiramos.

Me das la mano.
Te doy la mano.

Toco tu piel.
Tocas mi piel.
La siento erizarse.
La sientes tensarse.

Tiemblas.
Trago Saliva.

Sonríes.
Sonrío.

Cierras los ojos.
Parpadeas.
Te miro.
Recorro tu cara con la vista.

Cierro los ojos.
Te siento. Cerca. Viéndome.
Siento tu pulso. Tocando tu mano.
Sientes mi pulso. Tocando mi mano.

Te veo viéndome.
Me ves viéndote.
Con los ojos cerrados.
Ambos.
En la oscuridad de la ceguera.

Te siento llorar.
Te escucho llorar.
Te huelo llorar.

Entonces me abrazas.
Entonces te abrazo.

Nos fundimos en uno.
En la oscuridad.
En el vacío.
En la nada.
En el silencio.
En la música.
En la niebla.
En las manzanas y la madera.

Una masa de sensaciones,
táctiles; acústicas; olfativas; visuales.

Ya no hay tú para ti.
Ya no hay yo para mi.

Ahora somos yo.
Yo soy tú.
Tú eres yo.

Me relajo.
Te relajas.
La tensión desaparece.

Suspiro.
Suspiras.

Lloro.
Me escuchas llorar.
Me sientes llorar.
Me hueles llorar.

Y fundidos en un yo.
Completo.
Nos ensanchamos.

Ocupo el vacío; contigo.
Genero luz; contigo.

Tu cabello y mi cabello.
Nuestro cabello.
Tus ojos y mis ojos.
Nuestros ojos.
Tu risa y mi risa.
Nuestra risa.
Tu piel y mi piel.
Nuestra piel.

La música.
Los aromas.

Tu cara. Mi cara.
Nuestras lágrimas.
Tu piel. Mi piel.

Nuestra música. Silenciosa.
Nuestra nube. Densa.
Nuestro silencio. Musical.
Nuestro aire. Fragante.
Nuestra oscuridad. Luminosa.
Nuestra luz. Oscura.

Abrimos los ojos.
Nos separamos.

Tú eres tú.
Yo soy yo.

Nos miramos.

Te despides.
Me despides.

No volverá a ocurrir.
Este momento.
Será solo un recuerdo.
Podremos vivirlo de nuevo.
En nuestra memoria.
Pero no será igual. No será.
No será tan vívido.
No será real de nuevo.
Solo una ilusión, un espejismo.

Trataré de engañarme.
Decirme que es real.
En vano.

No volverá a ocurrir.
Este momento.

Aunque quizás será parecido.
La próxima vez.
Que nos miremos.
Que nos toquemos.
Que nos olamos.
Que nos escuchemos.
Y quizás que nos probemos.

Hasta entonces.
No pensaré en ti.
No pensarás en mi.
No arruinaré el momento.
No arruinarás el momento.
Trataré de mantenerme lejos.
Tratarás de mantenerte lejos.
Mientras digiero la última vez.
Hasta el momento oportuno.

Hasta mirarte de nuevo.
Hasta que me mires de nuevo.
Hasta sentirte de nuevo.
Hasta que me sientas de nuevo.
Hasta olerte de nuevo.
Hasta que me huelas de nuevo.
Hasta escucharte de nuevo.
Hasta que me escuches de nuevo.

Hasta entonces.